SUCINA. EL PODER SOBRE LA TIERRA

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El territorio de Sucina, ceñido por la serranía que lo separa de la vega del Segura, surcado por caminos y veredas, extiende sus dehesas y campos entre el verdor de la huerta y el azul del mar. Es el otro paisaje agropecuario de Murcia, el que no entiende de acequias pero sí del trasiego de rebaños, de repartos de tierra, de grandes haciendas y propiedades explotadas durante siglos. Y es que estos parajes, aunque escasos en agua, han sido siempre ricos y generosos en madera, caza, pastos y cosechas de secano, sobre todo de aceite, almendra y cereal.

Bajo el dominio de órdenes religiosas y de la nobleza primero, de políticos y enriquecidas familias de empresarios y comerciantes después, la tierra sucinera ha permanecido dividida en extensas heredades salpicadas de almazaras, corrales, cuadras, pajares, palomares, molinos, pozos, aljibes, balsas, abrevaderos e incluso minas… infraestructuras de todo tipo con las que controlar y exprimir al máximo los beneficios que pudieran ofrecer. Como construcción de referencia y emblema del basto terreno a administrar, se fueron alzando señeros caserones provistos de espacios de servidumbre y de su correspondiente ermita, configurando unos palacetes rurales que temporalmente ocupaban sus dueños como lugar de descanso y recreo. Pero sobre todo, en estas demarcaciones abundarían las sencillas y dispersas casas de campo cedidas a guardeses, labradores, pastores y jornaleros, entre cuyos muros de piedra crecieron generaciones de sucineros.

 

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Hoy ya vivimos otros tiempos, pero imbricada en esa historia marcada por la perpetuación de herencias y linajes, tan condicionada por el sistema de clases y puntualmente alterada con desamortizaciones, fragmentaciones o incautaciones del Estado, yace la memoria de las gentes que han poblado este territorio. Gentes corrientes y sencillas que, circunstancialmente, vinieron a conocer e incluso a relacionarse de primera mano con los más ilustres e influyentes personajes de la vida social y política de aquella Murcia cambiante, a caballo entre los siglos XIX y XX. Señalamos a continuación algunos de los dominios en los que transcurrieron tantos y tantos episodios de su vida cotidiana… desde el día a día de sufrido trabajo y de crianza de los hijos, a esos momentos vinculados al ritual y al festejo que de cuando en cuando alegraba el calendario y abría las privadas verjas de patios, capillas y enclaves naturales al disfrute del vecindario. Varios de estos inmensos predios están hoy ocupados por urbanizaciones y modernos resorts que consideradamente mantuvieron el nombre histórico del paraje, pero la mayoría siguen siendo tierras de cultivo que envuelven el crecido casco urbano de Sucina, ofreciendo en su conjunto la cara más actual de este rincón del municipio.

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