JORGE BLASCO: “LA IDENTIDAD DE UN PUEBLO NO ES UNA BÚSQUEDA, SINO UN RESULTADO”

Jorge Blasco

El investigador independiente Jorge Blasco, experto en patrimonio cultural inmaterial, nos visitó el pasado 17 de marzo con motivo de las “II Jornadas Técnicas Territorio, Cultura y Patrimonio”. Charlamos con él del proyecto “Territorio Archivo”, con el que colabora, del patrimonio oral, del concepto de identidad y de cultura digital.

EnClave Cultura: Te defines como investigador independiente y aseguras que tu campo de estudio son todas aquellas disciplinas que tienen que ver con el verbo “archivar”. Seguramente se nos escapan muchas de las acepciones detrás de ese verbo: ¿cuál es tu definición favorita?

Jorge Blasco: La mejor definición de archivar sería la definición internacional que cogiéramos de un diccionario de archivística, pero como yo no soy archivero tengo más libertad: normalmente se entiende por archivar el guardar, custodiar… sin embargo hay un montón de verbos alrededor de archivar: recolectar información, leer, conservar, fotografiar, escribir un documento… todos ellos juntos conforman el verbo archivar en un visión muy abierta, algo que se distancia de la visión del profesional que debe tener unas normas porque maneja material que a veces es patrimonio del estado.

EC: Desde el Ayuntamiento de Murcia se han iniciado varios proyectos destinados a la conservación del patrimonio cultural inmaterial -desde las tradiciones artesanales hasta el folclore musical, pasando por la historia local- En tu opinión, ¿cuál es el orden de prioridades que se debe establecer en la conservación patrimonial?

JB: El primer factor es saber que se va a conservar una ficción. No una mentira, pero si una ficción. Hay que tener en cuenta por las épocas que ha pasado este país, porque en cada una de ellas se ha construido una imagen de España diferente. Durante el régimen franquista se construyó una imagen de España muy potente donde la Sección Femenina –de la Falange Española- producía mucha de estas cosas, como los encajes de bolillos, y se tomaba como algo muy español.

Esto no es ni bueno ni malo, pero hay cosas que a veces vienen más de cómo el Ministerio de Información y Turismo de aquella época entendía que debía de ser España, a través de la Sección Femenina por ejemplo, que de una realidad tal como la queremos ver a veces: “Esto es verdaderamente murciano”. Bueno, esto es lo que verdaderamente pasa ahora en Murcia, y es algo muy complejo.

La prioridad, por tanto, es entender que no hay que tener mala conciencia de lo que acabo de decir: nuestros padres han estado viviendo en un régimen que quería una determinada forma de ver España y así lo hizo. Ahora estamos en otra forma de gobierno que también tiene su forma de vender España.

Esta ficción que generan los gobiernos es para mí la prioridad: llevar siempre esta mochila. Y luego ya es cuestión de emprender el trabajo sin complejos, pero no creérselo: darse cuenta de que se está documentando una ficción.

En el trabajo oral hay que entender que la gente entrevistada son muy buenos actores y actrices. También van a participar de lo que ellos creen que queremos. La prioridad está en buscar herramientas diferentes a la mera recolección oral, que despisten un poco y sirvan para indagar e interactuar con los ciudadanos poseedores del patrimonio inmaterial que permitan otro acercamiento diferente al que ya sabemos.

Si el patrimonio oral te cuenta lo que ya sabías, es que algo falla. Te puede contar mucho de lo que sabías, pero si no te descubre cosas que son muy internas –incluso del lenguaje- es que te están contando lo que creen que quieres saber.

Hay que abordar al grupo con el que trabajas ante preguntas no habituales, como poniéndolo contra las cuerdas. Si quieres saber mucho sobre la comunidad de camioneros, no les preguntes sobre camiones. Empieza a preguntarle por otras cosas.

EC: Desde luego, investigar el pasado para preservar la identidad de un pueblo no parece una tarea sencilla, ni tampoco es frecuente encontrar apoyos económicos ¿Quiénes deberían de hacerse responsables de este empuje?

La identidad nacional, sea de la nación que sea –España, Suecia o una zona de España que cree que debe ser una nación- es un concepto tremendamente complejo: significa que una serie de individuos se parecen mucho entre ellos o quieren parecerse entre ellos. Es una palabra tramposa, o por lo menos hay que tomarla con cuidado, porque a la gente le gusta tener una identidad: las manifestaciones son grandes manifestaciones de identidad por encima del lema que haya detrás, las haga quien las haga.

En mi opinión, la búsqueda de identidad no debería ser un objetivo sino un resultado colateral. Volvemos a las preguntas no previstas: si todo el mundo hace encaje de bolillos, por poner un ejemplo, es un concepto de identidad un poco pobre. Si les sacamos del encaje de bolillos seguramente encontremos identidades mucho más potentes en el pensamiento, en la palabra, o en como construyen su mundo, que si nos quedamos en una forma más habitual de otros años –del régimen franquista- que era más superficial y buscaba hacer que los pueblos fueran muy españoles de acuerdo a la idea que en aquel momento se tenía de España.

Se buscaba la identidad, o casi se construía a veces. Lo cual es algo que hacemos todos, pero hoy en día, que ya sabemos bastante sobre los Estudios de Identidad, estaría bien que la identidad fuera un resultado y no una búsqueda.

EC: Esa es la pregunta, al menos para los que no somos expertos en el tema. Sin duda alguna hacer una incursión en la historia de los pueblos es un tema peliagudo. ¿Cómo abordamos la carga ideológica que hay detrás de ese trabajo?

JB: La carga política va con el que hace el trabajo de campo y con el que colabora en ese trabajo y tiene el conocimiento. La carga política tiene que estar ahí, y la política no es mala. La instrumentalización es lo que no nos gusta.

En este país, por mucho que uno nos caigan mejor o peor, se puede hablar de ideas políticas –salvo en temas muy delicados- y en este tipo de trabajos hay que recuperar la noción de que hacer política y tener ideas políticas es bueno, lo que no es bueno es instrumentalizar un trabajo de campo para ilustrar ideas políticas, que es lo que hacen los regímenes dictatoriales. Es una de las estrategias que utilizan para crear nación.

EC: Vienes a Murcia para hablar del proyecto Territorio Archivo, un proyecto promovido por la Fundación Cerezales Antonino y Cinia en el que se está buceando en la memoria popular de 8 núcleos rurales de Castilla y León. ¿Qué es lo más novedoso de este proyecto? ¿Cuántos agentes y de qué tipo están implicados en él?

JB: Lo más novedoso es que es un proyecto de artista, todo este trabajo se le planteó a Chus Domínguez, que es cineasta. Se le planteó hacer una película para recoger todas esas hebras que te dicen mucho de un lugar y que no se cuentan. Justo es a lo que me refiero cuando digo que hay que hacer las preguntas adecuadas para que salgan las hebras, no el tronco del árbol que todo el mundo ya conoce. Sin embargo Chus se dio cuenta de que no podía hacerlo como una película sino que debía hacer un archivo.

Este proyecto podría tener unos títulos de crédito como una película, porque es una película expandida. Los agentes que han participado en este proyecto conforman una red de personas que incluye a los conservadores domésticos, a los entrevistados –que son los mismos-, los que hemos sido asesores del proyecto, la propia Fundación Cerezales Antonino y Cinia –que es privada y se puede permitir lo que quiera dentro del sentido común-

Son muchos agentes, es difícil enumerarlos, casi cualquiera que se acerca a Territorio Archivo acaba contaminado en el buen sentido de la palabra, y esto es lo que lo convierte en una herramienta. El patronato de la Fundación, que parte está en EEUU y México, expertos de diferentes campos, que además hemos escrito sobre el proyecto en un libro que hemos publicado y que se puede leer libremente en la web. Toda la gente que ha colaborado en el proyecto aportando pistas, los niños que saben que su abuela sabe algo…

Todos ellos construyen una comunidad de saberes. Para un patrono, tomar una decisión como emprender este proyecto puede ser arriesgado, porque puede ser visto como una nostalgia por los más intelectuales. O puede ser visto como una cosa muy moderna por la gente del pueblo.

EC: En la descripción del proyecto se habla de “un programa de activaciones”…

JB: Las herramientas se utilizan de muchas maneras, pero mientras están quietas no están activas. Se decidió el término “activación” primero para evitar que si se hacía una exposición se quedara en una anécdota y se viera como una activación en la que se trabaja el material en el espacio. Hay activaciones que tienen que ver con el sonido, otras son visualizaciones con los datos que se han recogido, hay activaciones como la web o el hecho mismo de que yo esté hablando con vosotros ya es una activación del proyecto.

Nos gusta ver el proyecto como un ser vivo que se va extendiendo y se activa de muchas maneras.

EC: Vivimos en una sociedad en la que muchas veces se confunde la cultura con los productos culturales, que por su carácter lucrativo van asociados a una serie de restricciones de propiedad intelectual para evitar su reproducción “sin pasar por caja”. ¿Qué puede enseñar el mundo del patrimonio cultural inmaterial a la cadena de valor de la producción cultural en esta materia?

JB: Esta es la gran pregunta. Voy a contestar a título personal, más allá de Territorio Archivo. Esto es una historia de mujeres: ¿cómo se aprendían los cánticos? En una imagen idílica cuando las mujeres iban a lavar y a tender la ropa. ¿Y cómo se aprendía a bordar? Una enseñaba a la otra, y no había un criterio de restricción. Quizás se podían ver celos, pero nadie multaba a otra mujer por copiar un bordado o un patrón.

Con esto entramos en la idea de código, el bordado no deja de ser una forma muy parecida al código y a la forma en que se empezaron a hacer telas en los telares –que son otra forma de generar redes- Estas cosas han ido de la mano, durante mucho tiempo, de una manera abierta.

La cultura digital lleva mucho tiempo queriendo vivir de esas fuentes. Hay una base que está muy relacionada con el mundo de la mujer y su voz callada. Todo el mundoCreative Commons, si lo estudias, verás que de otra forma existía en la cultura de la gente sin voz: sin voz pública, pero en privado estaban haciendo crecer una masa cultural.

EC: Hoy hablamos de conservar la identidad a través de la sabiduría popular, del folclore, etc. Cuando alguien eche la vista atrás dentro de 50 años, ¿en qué rincón de Internet deberá buscar para hacer esta misma tarea? ¿Cuál crees que es la identidad que estamos desarrollando actualmente?

JB: Me gusta que se hable de Internet y no de la web. En inglés una tela de araña se llama spider web y es un sitio que te engancha y te convierte en víctima de la araña. Lo que se inventó fue Internet, pero la web vino después.

La web es el mundo de las apps que todos utilizamos, el mundo de las páginas web, etc. Internet es el espacio de relación de códigos y datos de una manera más o menos libre –aunque empezó con un origen militar-

Si no hacemos algo –y seguramente no podemos más que darnos contra un muro- dentro de unos años nos vamos a encontrar con una forma tremendamente llena de códigos de copyright. Si no trabajamos con el código –y no con las apps– seremos lo que la web quiera: y la web es la peor expresión del neocapitalismo. No me posiciono con respecto al neocapitalismo, sólo digo que es su peor expresión. Podría ser la peor expresión del comunismo, pero no lo es.

Lo utópico sería que no estemos desarrollando una identidad, pero tampoco que estemos desarrollando una multiculturalidad que es una falsa forma de identidad común. La identidad tiene que ser algo muy móvil y fluctuante, y más ahora con la velocidad de las redes, yo ahora estoy haciendo esta entrevista y mi identidad es distinta a la que tengo con mi hermana, que acaba de ser madre y estoy “chocho” con mi sobrino.

Las identidades varían, por citar el caso de la Sección Femenina, la identidad de esas señoras no es la misma en su casa que cuando están aprendiendo bailes populares o corte y confección. La identidad es un concepto muy móvil, y cuanto se vuelve pétreo se torna en un problema. Y esto nos está pasando continuamente…

Yo abogaría, y más en los trabajos de patrimonio oral, por pensar la identidad como una red de identidades que funcionan como los electrones: a veces se juntan, chocan y surgen nuevas identidad. Debemos ver la identidad evidente como la cáscara que contiene el fruto verdadero.

EC: Precisamente nuestra era se caracteriza por la abundancia de información, pero ésta abundancia tiene sus inconvenientes, sobre todo a la hora de comprobar su veracidad. Desde la perspectiva de la conservación del patrimonio, ¿qué mecanismos existen para garantizar la veracidad del trabajo? ¿Qué podemos aprender de ellos para mejorar nuestra relación con las fuentes de información digital?

JB: Es una pregunta excelente, pero voy a contestarla con otra: ¿qué es la veracidad en el patrimonio? ¿es una autenticidad dada por un sabio? La propia palabra patrimonio es una construcción humana, no siempre ha existido, por lo tanto el patrimonio siempre participa de la ficción en su campo semántico-material, como semioforos.
¿La mentira es el exceso de ficción? No, pero lo falso puede ser tan verdadero que cambie el curso de la escritura de la historia. Por lo tanto lo falso tiene un valor en si mismo tan importante como lo que llamamos auténtico. Descubrir que algo es falso es un paso para entender el espectro de deseos que albergan los humanos, sean ruines o sean para estar un poco más cerca de la verdad, mediante un truco matérico o inmaterial. Hay que incluirlo en los estudios de patrimonio y nunca despreciarlo.
Carlos Albaladejo.

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